Biografía de TINA MODOTTI, por Claudio Natoli.

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Claudio Natoli

Entre el arte fotográfico y una “nueva humanidad”

En estas líneas no se pretende reconstruir al detalle la figura y la obra de Tina Modotti, de cuya personalidad fascinante, por otro lado, se ha acumulado una rica literatura. Se trata, simplemente, de recorrer los momentos más relevantes de su biografía, con la finalidad de situarla en su contexto, históricamente determinado, y comprender el clima político y espiritual de su tiempo.

Como es sabido, la figura de Tina ha generado muchos mitos y leyendas, tanto en sus años de vida como en tiempos más recientes. Ya al final de los años 20 la derecha mexicana difundió la falsa imagen de Tina como la de una “Mata Hari del Comitern”, con la intención de desacreditarla ante una opinión pública hipócritamente moralista y ávida de sensacionalismo morboso. Como no menos distorsionada resulta la imagen que sirvió de inspiración para la novela Tina de Pino Cacucci, de 19911 , así como otras iniciativas expositivas similares con tanta tendencia a la ilación y a las “voces” difamatorias, cuanto ajenas a la deontología, rasgo irrenunciable de toda investigación histórica2. En ambos casos la figura de Tina se presenta como una especie de comunista a su pesar, prisionera y esclava, si no cómplice, de su compañero Vittorio Vidali, quien a su vez aparece como un personaje cínico, despiadado y tenebroso, típica encarnación de aquel “Imperio del mal” al que, según una moda corriente, se quería reducir toda la historia del movimiento comunista3. Llegados a este punto es necesario poner por delante que la adhesión de Tina al comunismo fue una elección vital, determinada y apasionada aunque, como veremos más adelante, para nada exenta de conflictos, crítica y, en todo caso, alejada de cualquier dogmatismo; en otras palabras, fue una elección suya, autónoma, sin la cual resultaría del todo incomprensible una personalidad tan rica de humanidad como la suya.

Tina nació en Udine en 1896 en el seno de una familia obrera: de padre mecánico y madre tejedora, de pequeña vivió en condiciones de indigencia extrema. Entonces como ahora, el Friuli era una típica tierra de frontera. Sin embargo, a diferencia de hoy, se trataba de una zona muy pobre que, a principios de siglo, destacaba por tener los porcentajes más altos de emigración de trabajadores italianos hacia los países vecinos y hacia América. En un primer momento, el padre de Tina se marchó a trabajar cerca de Klagenfurt, Austria, donde existía un fuerte movimiento socialista. Allí tuvo un primer contacto con las ideas de emancipación, elevación cultural y educación en la solidaridad de las clases trabajadoras, personalizadas por la socialdemocracia austríaca que, por aquel entonces, era uno de los partidos obreros más potentes de Europa. Entre los primeros recuerdos de infancia de Tina destaca la imagen de los mítines del Primero de Mayo a los que asistía a hombros de su padre. En 1905, su padre, al igual que muchos otros compatriotas, había tomado la determinación de emigrar hacia América. Tras su partida para, como se decía entonces, “hacer las Américas”, su madre se encontró en graves dificultades económicas de modo que, para ayudar a la familia, Tina empezó a trabajar, aun siendo niña, en una fábrica textil de Udine. En 1913 se reúne con su padre en San Francisco y empieza a trabajar en una fábrica de sombreros primero, y después en un gran taller textil del centro de la ciudad4. Por aquel entonces los Estados Unidos estaban viviendo un periodo de grandes transformaciones: el impetuoso proceso de industrialización había substituido a la epopeya de la “nueva frontera”, y en el país se estaba desarrollando una conflictividad social típica de la sociedad industrial moderna, con el crecimiento de un movimiento obrero que en parte miraba hacia Europa, pero que en parte reflejaba el carácter multicultural y la estratificación social de los diversos sectores de las clases trabajadoras de Norteamérica. La participación en la guerra de los Estados Unidos había representado el fin del aislacionismo, reforzado los lazos con Europa y dado nueva vida a la dialéctica política y social, y a la vida cultural. 1917 también fue el año de la Revolución Rusa, un acontecimiento que ejerció una gran fascinación sobre la clase obrera, sobre los movimientos de liberación colonial en todo el mundo, y sobre todos aquellos que se habían posicionado en contra de la guerra.

En particular, la Revolución de Octubre generó la fascinación de los intelectuales de vanguardia, y también llegó a los Estados Unidos (basta recordar la figura de John Reed). En aquella época Tina vivió entre San Francisco y Los Ángeles, que estaba a punto de convertirse en la capital mundial del cine. En un primer momento participó en funciones teatrales y representaciones amateurs relacionadas con la vida cultural de la comunidad local de Friuli; más adelante empezó a trabajar como actriz en Hollywood en varias películas comerciales, entre las cuales la más conocida fue The Tiger’s Coat de 1920. En este ambiente Tina entró en contacto con un círculo de intelectuales de vanguardia del que formaba parte el que sería su futuro compañero Robo Richey, un personaje apacible y delicado, poeta y pintor de inspiración bohemia y libertaria que murió en 19225. Pero lo más relevante, Tina tuvo un encuentro que más adelante se revelaría fundamental para su vida artística, y también a nivel sentimental: se trata de Edward Weston, que se convertiría en uno de los mayores fotógrafos del siglo XX, a quien se deben los célebres desnudos y algunos de los más extraordinarios retratos de Tina, así como la iniciación de ésta en el arte fotográfico. En cuanto a la historia de amor y la intensa relación artística que surgió, tenemos la suerte de disponer de la correspondencia de Tina a Weston; constituye un documento muy valioso para entender la rica humanidad de Tina y su maduración artística, así como sus ideas sobre la función social del arte fotográfico, que se consolidaron conjuntamente a la elección vital que la llevaría a militar en el movimiento comunista6.

El escenario donde se desarrolla este recorrido será el México de los años 20, un país donde todavía resonaban los ecos de la revolución de Pancho Villa y de Emiliano Zapata. La revolución mexicana había representado un movimiento de afirmación de la independencia nacional ante la asfixiante tutela de los Estados Unidos, así como con el despertar de los estratos sociales rurales más pobres contra la oligarquía latifundista, el poder de los militares y el tradicionalismo de las jerarquías eclesiásticas. Si bien en los años 20 las fuerzas gubernamentales habían impreso un curso más moderado a la vida política, en México, a pesar de todo, se estaba desarrollando plenamente un partido comunista que intentaba aunar la tradición de la Revolución mexicana con el mensaje de la Revolución de Octubre. Ello contribuyó a dar voz y dignidad al movimiento de las clases obreras mediante el desarrollo de organizaciones sindicales en la minería, en la industria y en los servicios, y sobre todo a la emancipación de los braceros y de los campesinos pobres del campo a través de la reforma agraria, la alfabetización y la difusión de la cultura entre las clases campesinas. También por estos motivos, el partido representó un punto de referencia para todo el grupo de pintores de vanguardia y de muralistas protagonistas del “renacimiento” artístico mexicano, desde Diego Rivera a José Clemente Orozco, o Alfaro Siqueiros. Y en ese preciso contexto la joven Tina Modotti, que se había desplazado a México con Weston en 1923, encontró un punto de referencia concreto para su vivísimo sentido de justicia y de corresponsabilidad hacia los oprimidos, y adquirió su primer aprendizaje político7.

El Partido Comunista de México (PCM), al igual que todos los partidos comunistas, en aquel tiempo estaba afiliado a la Tercera Internacional (IC), cuya dirección tenía la sede en Moscú. Esta relación comportaría a lo largo del tiempo arduos condicionamientos políticos a causa de las tendencias centralizadoras y la estructura monolítica que se intentó imponer al movimiento comunista, sobre todo durante el periodo estalinista. Aun así, durante los años 20 en México, como en otros lugares, la realidad del movimiento comunista todavía era muy vivaz y articulada. De hecho, junto al PCM existía una tupida red de organizaciones sobrepartidistas que representaron un punto de encuentro para fuerzas y personalidades de orientación diversa. En concreto, esta red constituyó un lugar de referencia para los intelectuales progresistas que, aun no siendo comunistas, veían en la URSS el nacimiento de una “nueva civilización” y que pretendían afirmar, a través del compromiso político, una nueva manera de entender la cultura y sus finalidades más profundas. La organización más importante de esta red fue el Socorro Obrero Internacional (SOI). El SOI desarrolló en los primeros años 20 una gran acción a favor de la solidaridad del movimiento obrero más allá de las fronteras ante catástrofes naturales y sociales (la carestía en Rusia, la desocupación y la miseria en Alemania, el terremoto en Japón). También organizó el apoyo a los trabajadores involucrados en ásperos e interminables conflictos sindicales a través de campañas en la prensa, recaudación de fondos, instalación de comedores, así como el cuidado compartido de los hijos de familias de huelguistas. Más en general, el SOI promovió las primeras campañas internacionales contra el fascismo italiano, se comprometió a favor de la lucha por la liberación de presos políticos (las memorables manifestaciones internacionales contra la condena a muerte de Sacco y Vanzetti), y abrió nuevos horizontes en la lucha anticolonial con la fundación, en el Congreso de Bruselas, de la Liga antiimperialista (1927), que contaba con la participación de alguna de las figuras más destacadas de los movimientos de liberación anticolonial en Asia, África y América Latina.

Gracias al Socorro Obrero y a su fundador, el alemán Willy Münzenberg, se entendió la relevancia de los nuevos medios de comunicación de masas, y de su posicionamiento al servicio de las luchas de emancipación del movimiento obrero: la publicación de revistas ilustradas, como la famosa “Arbeiter-Illustrierte-Zeitung” que, antes de los célebres fotomontajes antinazis de John Heartfieldm, publicó, entre otras, algunas fotografías de Tina Modotti, el uso del documental cinematográfico y de películas políticas de alto nivel (empezando por el Acorazado Potemkin de Eisenstein). También fueron parte integrante de la actividad del Socorro Obrero desde los años 20 la fundación de editoriales y la organización de muestras fotográficas y exposiciones de artistas de vanguardia. Una pequeña relación de alguna de las personalidades del primer plano de la cultura alemana e internacional que participaron en las actividades de esta organización puede dar una idea de la amplitud de miras que albergaba: desde Brecht a Toller, de Otto Dix a Grosz, pasando por el fundador de la Bauhaus, Walter Gropius, Eisntein y Huxley, Romain Rolland o Henri Barbusse, Gorki y Dos Passos, por citar solo a unos cuantos.

La otra organización que desarrollo un papel central en la vida de Tina fue Socorro Rojo Internacional (SRI), en el cual militó a tiempo completo durante la década de los 30. De hecho, Socorro Rojo se caracterizó desde un inicio por una menor autonomía respecto al partido soviético, y por un radio de acción más limitado. Nacido a finales del 1922 como organización de ayuda a las víctimas de la “lucha revolucionaria”, Socorro Rojo sin embargo fue ampliando su acción hacia la tutela de los emigrantes políticos, la organización de campañas internacionales para la liberación de militantes encarcelados, por el derecho de asilo y más generalmente contra el “terror blanco” del fascismo. Al igual que el Socorro Obrero, el Socorro Rojo se dotó en los años 20 de una estructura organizativa ramificada, articulada en secciones nacionales y en secretariados por grupos de países, uno de los cuales supervisaba las acciones en América Latina. Precisamente en esta área geográfica la implantación del SRI fue de la mano con la actividad de la liga antiimperialista promovida por el SOI8. La Liga tubo como agente catalizador el Secretariado para Centroamérica del SRI, sito en ciudad de México y dirigido por Vittorio Vidali, un comunista de Trieste que llegó a la capital después de ser expulsado de los Estados Unidos por su compromiso con la lucha antifascista y sobre todo por su campaña por la liberación de Sacco y Vanzetti. En ciudad de México, Socorro Rojo y la Liga antiimperialista crearon entre 1927 y 1929 un centro de encuentro y de iniciativa política para centenares de exiliados de la izquierda latinoamericana, y actuaron en el ámbito de la organización de ayudas a los militantes represaliados, el apoyo y solidaridad durante las huelgas campesinas y en las zonas mineras, la propaganda revolucionaria contra las dictaduras militares apoyadas por los Estados Unidos, y la colecta de fondos y de armas para los movimientos de liberación en Cuba, Nicaragua, Venezuela y El Salvador. Figuras legendarias como Antonio Cesar Sandino y Farabundo Martí trabajaron codo con codo y colaboraron durante toda una primera fase con los órganos de la Liga y de Socorro Rojo y con los comunistas, precisamente a raíz del carácter más abierto y pluralista que caracterizaba a estas organizaciones. En este ambiente, Tina Modotti, tras unos primeros años de aprendizaje junto a Weston, maduró su estilo inimitable y la inspiración social de su arte fotográfico, y emprendió su propia militancia política activa en el ámbito del movimiento comunista como colaboradora de “el Machete”, semanario de artistas y más adelante órgano central del PCM, de los periódicos de Socorro Obrero, y como secretaria para México y California del Comité de defensa de las víctimas del fascismo presidido per Henry Barbusse. Al igual que la mayoría de su generación, Tina se acercó al comunismo a través del antifascismo y del antiimperialismo, y no al revés. Esos fueron los años más intensos y creativos de su vida: el encuentro entre estética modernista y compromiso político y social, que se desprendía de su particular visión de la fotografía, suscitaba interés y reconocimiento tanto en México como a nivel internacional; al mismo tiempo, su casa se convirtió en un punto de encuentro habitual de intelectuales progresistas, exponentes de primer plano de los grupos de izquierda y exiliados políticos de Centroamérica9. Después de que a finales de 1925 Weston volvió a los Estados Unidos, Tina se unió en un primer momento a Xavier Guerrero, pintor e incansable dirigente del PCM, y más delante a Julio Antonio Mella, estudiante exiliado Cubano de gran autonomía y capacidad intelectual que se convirtió en secretario de la Liga antiimperialista de México y se involucró a fondo en el movimiento sindical, mientras preparaba una expedición armada a Cuba para derrocar al dictador Gerardo Machado y abrir el camino para una revolución nacional, democrática y socialista10. Según Elena Poniatowska, ésta fue la “fase esencial y más luminosa” de la vida artística de Tina, pero también a nivel espiritual y sentimental11.

Sin embargo, 1930 representa el inicio de una nueva fase radicalmente nueva en la biografía de Tina. De hecho, en febrero de ese año es expulsada de México después de haber sido arrestada bajo la falsa acusación de participar en un atentado contra el presidente mexicano Pascual Ortiz Rubio (en realidad obra de un fanático clerical), y tras haber sido objeto en 1929 de una campaña difamatoria que había intentado involucrarla en el asesinato de su compañero Antonio Mella, que murió ante sus ojos, y en realidad atribuible, como tantos otros, al dictador cubano12. Después de un largo viaje en barco, Tina llegó primero a Rotterdam y después a Berlín. A su llegada tenía la intención de retomar su actividad fotográfica, aunque se encontró ante graves dificultades de integración (entre otras cosas, siempre se lamentaría de la incomparable luminosidad de México); de modo que, pasados unos meses, decidió aceptar la invitación de Vidali de desplazarse a la URSS y trabajar en la oficina central del SRI (al poco tiempo decidirían ir a vivir juntos).

En Moscú, Tina encontró un clima político-cultural radicalmente diferente del mexicano, y quizás también del que se hubiera imaginado. La URSS estaba viviendo una fase histórica completamente nueva, marcada por un activismo febril y por una corriente de entusiasmo hacia las grandes tareas del socialismo emprendidas por el I plan quinquenal. Otros hechos determinantes de esta fase también fueron la tragedia de la colectivización forzada en el campo y la instauración del régimen estalinista, el monolitismo oficial y la afirmación del culto a la personalidad, la degeneración del clima interno del partido y la omnipotencia del Estado y de los aparatos administrativos, de control y coacción. También en esta época el movimiento comunista experimentó un giro radical con la instauración de la doctrina “clase contra clase”, que comportó una política de confrontación frontal con la socialdemocracia y con las otras fuerzas antifascistas, y un proceso de centralización extrema de la dirección de la Internacional y de sus organizaciones afiliadas. Ello supuso una grave crisis tanto para el Socorro Obrero, como para el Socorro Rojo. De hecho, ambas organizaciones no podían vivir fuera de una política unitaria de amplio espectro, tal y como había sucedido durante los años 20. Más generalmente, la doctrina “clase contra clase” aisló a los partidos comunistas e impidió cualquier convergencia entre las fuerzas del movimiento obrero en la lucha antifascista, profundizando una escisión que, por otro lado, favoreció la llegada al poder de Hitler.

Tina i Vidali vivieron esos años en Moscú13, trabajando en el aparato central del SRI, alternando una actividad de carácter publicitario con misiones ilegales en España, Alemania y en otros países de Europa. Ambos desarrollaron tareas de mucha más responsabilidad que la que aparecen en las memorias del comunista de Trieste. Según los documentos del Archivo de Moscú sabemos que, en concreto, Vidali asumió un papel político de primer plano en el grupo dirigente del SRI. En 1933 fue el primer referente en Inglaterra, Irlanda, los países angloamericanos y los coloniales, participó en numerosas comisiones para la redacción de documentos de referencia general, y siguió constantemente el devenir de la situación alemana14. A partir de finales de 1933, fue enviado en calidad de representante político del SRI a Francia, Austria y España, centros neurálgicos del renacimiento del movimiento antifascista en Europa. Tina, por su parte, fue referente del Secretariado en el Caribe y Latinoamérica, colaboró en las revistas de la sección soviética y alemana, redactó folletos de amplia difusión, y viajó ilegalmente a Polonia y España, donde fue detenida y después expulsada en abril de 193315. En el verano de 1933 el servicio secreto militar soviético propuso enviar a Vidali y a Tina a China, aunque finalmente el proyecto se frustró ante la fuerte oposición de Elena Stasova16. Sin embargo, a finales de 1933 ambos recibieron en encargo de trasladarse a París. Vidali recibió el encargo de ocuparse de la reorganización y dirección política de la Sede de Socorro Rojo para la Europa occidental, en el marco de un plan de refuerzo de las actividades de las Secciones en los países de la zona, y de presencia del SRI en las campañas internacionales en curso, empezando por la del incendio del Reichstag y a favor de la liberación de Georgi Dimitrov y sus compañeros17.

No es difícil suponer que el traslado a Francia de Tina supuso una especie de liberación. Como más adelante explicaría por carta a la familia Regent a inicio de 1936, su vida había pasado a ser mucho más movida, aunque la prefería de largo a la otra “de oficina”18. Su dedicación a tiempo completo en el centro del SRI coincidió con un momento de mayor cerramiento y menor capacidad de iniciativa de la organización, debido a los rígidos esquemas de la doctrina “clase contra clase” que obligaban a un inmovilismo político y organizativo, y a unos métodos de trabajo tan metódicos cuanto repetitivos y burocráticos. Se diluía de este modo una extraordinaria armonía entre vida, arte y revolución, que había guiado la experiencia de Tina en su periodo mexicano. Por otro lado, la realidad de la URSS de los primeros años 30, donde, entre otras cosas, se estaba consumando la rotura entre vanguardia artística y poder soviético, no representaba suficientes estímulos a su creatividad como para que retomara su actividad fotográfica, interrumpida sustancialmente durante los meses transcurridos en Berlín, en el crepúsculo de la Alemania de Weimar. Resulta significativo que Tina declinase la oferta de convertirse en la fotógrafa oficial del partido, una función en la cual el canon de “realismo socialista” habría sofocado las formas y el sentido mismo de su fotografía experimental19.

El nuevo encargo coincidió con el inicio de un periodo alentador, marcado por la campaña por el incendio del Reichtag, organizada por Münzenberg con una visión que, por sus contenidos y por la gran participación de personalidades y de intelectuales no comunistas, rompía por primera vez los rígidos esquemas de la doctrina de “clase contra clase”20. Al inicio de 1934 Francia vivía las primeras manifestaciones antifascistas de masa, que culminó con la gran huelga general del 12 de febrero, y que supuso abrir el camino a la unidad de acción entre comunistas y socialistas, y más adelante a la formación y posterior victoria electoral del Frente Popular en la primavera de 1936. Tina y Vidali tomaron parte activa en estos acontecimientos, e incluso se involucraron personalmente en las acciones de ayuda a los combatientes austríacos y a sus familias tras la derrota de la insurrección de febrero de 1934 en defensa de la república de la Viena roja, (viajando clandestinamente a Austria para reunirse con las familias de las víctimas políticas)21, y después a la Conferencia internacional de mujeres contra el fascismo y la guerra, donde Tina presentó una muestra fotográfica sobre el fascismo, y finalmente en campañas para la liberación de Antonio Gramsci y de Ernst Thälmann. En invierno de 1934-35 también participaron en la gran acción de solidaridad con los mineros de Asturias y por la liberación de 30.000 presos políticos encarcelados como consecuencia de la fallida insurrección de octubre de 1934 contra el ascenso al gobierno de las fuerzas de derecha. Esta campaña, a la que se comprometieron en primera línea un gran número de intelectuales democráticos y antifascistas, supuso la unidad de acción de comunistas, socialistas y republicanos de izquierda en España, constituyó un terreno de convergencia con los anarquistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y dibujó la coalición de las fuerzas que darían vida al Frente Popular que vencería las elecciones políticas de 193622.

Tina y Vidali vivieron el estallido de la guerra civil en España, donde trabajaban para Socorro Rojo; ambos fueron de los primeros en comprender el carácter histórico de la confrontación entre fascismo y antifascismo que la guerra representaba. La guerra de España generó un extraordinario movimiento de solidaridad hacia el gobierno republicano. El aspecto más conocido de este movimiento fue la llegada a España de más de 30.000 voluntarios de hasta 52 países que combatieron con las Brigadas Internacionales y con otras pequeñas formaciones de izquierda, entre las cuales cabe recordar la brigada “Justicia y Libertad” fundada por Carlo Roselli, que luchó en Cataluña con la divisa “hoy España, mañana Italia”. Otro aspecto menos conocido fue que en todos los principales países europeos y americanos surgieron comités para el envío de ayuda, la colecta de fondos y enseres de primera necesidad, la disponibilidad de médicos, para la organización de servicios sanitarios, la asistencia a heridos, y la ayuda y adopción de niños huérfanos y de sus familias. Esta actividad se combinó con un compromiso político de gran calado de intelectuales, con una acción internacional contra la intervención de Hitler y de Mussolini a favor de Franco, y contra las nefastas consecuencias de la política de “no intervención” apoptadas por los gobiernos de Gran Bretaña y Francia. Más de medio siglo después Eric Hobsbawm, un gran historiador que fue testimonio de aquellos tiempos, escribiría en su volumen El siglo breve “hoy resulta difícil de recordar lo que supuso España para aquellos que tuvieran ideas políticas liberales o de izquierda en los años 30, aunque para muchos de nosotros, que sobrevivimos y que hoy somos ancianos, la guerra de España representa la única causa política que, incluso recordándola retrospectivamente, mantiene la pureza y la consciencia ideal que tuvo en 1936”23.

Es conocido que Vidali desarrolló un papel político-militar de primer orden en la creación y dirección del V Regimiento, que juntamente con las Brigadas internacionales, llevaron a cabo una tarea insustituible en la victoriosa defensa de Madrid en el otoño de 1936, así como en otros frentes de guerra, empezando por el de Guadalajara24. Por otro lado, el nombre de Tina está indisolublemente ligado a la historia de Socorro Rojo español durante la guerra civil; conjuntamente con Matilde Landa, Tina mantuvo un compromiso incansable en la organización de la ayuda y la asistencia a la población civil25. La encontramos en Madrid en las instalaciones del Sanatorio de la Milicias Populares, en la organización del sistema de intervención rápida en el frente y en los hospitales militares, en el centro de ayuda a la población civil víctima de los bombardeos, en la búsqueda de refugio después de la conquista franquista de Málaga y de la ruta apocalíptica hacia Almería, en la creación de centros de acogida y las adopciones en el extranjero de niños huérfanos, o en su incansable tarea para proteger la salud de estos, cada vez más precaria, en el caos de la caída de Barcelona y el éxodo final hacia Francia. En esta tarea Tina trabajo codo con codo con el famoso médico canadiense Norman Bethune, participó en conferencias internacionales de solidaridad y representó a Socorro Rojo en el II congreso de intelectuales para la defensa de la cultura que tuvo lugar en Madrid, Valencia y Barcelona en Julio de 1937, encontró poetas, escritores, artistas, fotógrafos de fama internacional llegados a España, como Pablo Neruda, Robert Capa, Gerda Taro, y entabló relación de amistad con Rafael Alberti, Miguel Hernández o Antonio Machado. En el desempeño de estas tareas, Tina fue la “representación misma del sentimiento humanitario y del internacionalismo” como se puede leer en una publicación del Socorro Rojo francés26, conjugando con el compromiso cotidiano la “devoción hacia los otros”, la “dulzura femenina” y la “firmeza de carácter”27, dejando un recuerdo imborrable en aquellos que la conocieron, de los cuales nos quedan numerosos testimonios. Vivió lo experiencia exultante, la “gran esperanza” durante los días de la defensa de Madrid, así como la tragedia del aislamiento, la derrota y las heridas políticas y personales que se siguieron y que ella, con su gran sensibilidad, percibió más como una pérdida irreparable que como un precio obligado ante una elección por el bando correcto. Y sobre este tema cabe señalar la diferencia de mentalidad respecto a la actitud de Vidali y de otros tantos mandos y dirigentes comunistas en esos mismos años. El sentimiento de repulsa ante las atrocidades de las guerras, de cansancio ante la militancia activa, y un gradual recogimiento introspectivo de Tina en los últimos años del exilio mexicano –marcado por el clima dramático de divisiones entre los emigrantes españoles, alemanes e italianos, y las fracturas en el mismo PCM, del cual el mismo Vidali fue expulsado, las heridas consecuencia del pacto germano soviético (hacia el cual Tina expresó una condena inapelable28), y finalmente el asesinato de León Trotski29– son testimonio de esta sufrimiento íntimo.

No es posible en estas líneas detenerse en la crisis del movimiento comunista en los dos primeros años de la segunda guerra mundial y sobre la nueva etapa cargada de energías liberadoras que se inició después de la agresión de la Alemania nazi a la URSS, con el desarrollo en Europa de movimientos de Resistencia. Tina no vivió lo suficiente para compartir ni las esperanzas, ni las dolorosas desilusiones que siguieron a esta etapa. Su corazón se detuvo repentinamente al inicio de 194230, en un viaje sola en taxi por la capital mexicana, podría decirse que en su tierra de elección, donde había buscado inútilmente el clima irrepetible de los años 20.

4. Acerca de la infancia y la primera formación de Tina, véase L. Argenteri Tina Modotti. Entre arte y revolución, Franco Angeli, Milán 2005 (ed. Orig. New Haven-Londres 2003) pp. 23-25

5. Sobre estas experiencias, véase ivi. Pp 37-73

6. Para más información véase A. Saborit, Una mujer sin país. Las cartas de Tina Modotti a Edward Weston 1921-1931, Cal y Arenas, Aguilar 1992 y, en italiano, Tina Modotti, Vida, arte y revolución, cartas a Edward Weston 1922-1931, a cargo de V Agostinis, Feltrinelli, Milán 1994.

7. Para más información, véase M Plana, El México de los años 20, en Tina Modotti, Una vida en la historia, a cargo del Comité Tina Modotti, actas del congreso internacional de estudios (Udine 26-28 de marzo de 1993). Artes gráficas friulanas, Udine 1995, pp. 131-153.

8. Sobre estos temas, véase C. Natoli Entre solidaridad y revolución. El Socorro Rojo Internacional. Ivi, pp 193-211. Acerca del SRI, con especial atención a la sección española, véase el riguroso estudio de L Branciforte El socorro rojo internacional (1923-1939) Relatos de la solidaridad antifascista, Biblioteca Nueva, Madrid 2011.

9. Acerca de Tina y del “Renacimiento Mexicano” véase P. Albers Vida de Tina Modotti. Fuego, nieve y sombras. Postmedia Books, Milán 2003 (Ed. Orig. New York 1999)

10. Sobre Antonio Mella véase la biografía detallada de Ch. Hatzky, Julio y Antonio Mella (1903-1929) Una biografia, Vervuert Verlag, Franckfurt/M 2004.

11. E. Poniatowska, Porqué Tina Modotti. Una vida en la historia cit. P 29.

12. Véase la documentada reconstrucción de Ch Hatzky. Julio Antonio Mella… cit. Pp 300-322.